La
oración es vital para el reavivamiento, el crecimiento espiritual continuo y el
poder en la testificación. De acuerdo con la Biblia, después de la ascensión de
Cristo, los discípulos regresaron a Jerusalén y esperaron el cumplimiento del
prometido don del Espíritu Santo. Lucas nos asegura que este período de espera
fue una seria preparación. Dice que “éstos perseveraban unánimes en oración y
ruego” (Hechos 1:14). Se dan en este versículo dos pasos preparatorios para
recibir el don del Espíritu Santo. Primero, estaban unánimes; segundo, oraban
mucho. Vamos a repasar las instrucciones dadas por inspiración, acerca de la
relación entre la oración, el don del
Espíritu Santo y el reavivamiento. Lucas menciona que los discípulos
continuaban en oración y súplica. La palabra “continuaban” sugiere que no
solamente iban a la reunión de oración el miércoles de noche. En un período de
diez días entre la ascensión de Cristo y el Pentecostés, el reunirse una noche
para orar no le hace justicia a la imagen presentada en este versículo. Tal vez
nos imaginamos con ello a los discípulos reuniéndose cada día para buscar en
oración el cumplimiento de la promesa del Padre. Sin duda alguna también pasaron
tiempo orando en forma privada por este Don. Sus oraciones ascendían continuamente
al trono día tras día. La experiencia preparatoria de los discípulos es una importante
lección para nosotros. No somos lo suficientemente serios en presentar nuestras
oraciones ante Dios por el cumplimiento de su promesa de darnos el reavivamiento
final que estará acompañado de la lluvia tardía. Creámoslo o no, Dios se
desilusiona con nosotros porque no le rogamos lo suficiente en cuanto al reavivamiento
y el don de su Espíritu. Dice Elena G. White: “No estamos suficientemente
dispuestos a importunar al Señor con nuestras peticiones y pedirle el don del
Espíritu Santo. El Señor quiere que lo importunemos con este asunto. Quiere que
insistamos con nuestras peticiones ante el trono” (Eventos de los últimos días,
p. 161). Repetidamente la sierva del Señor nos dice que oremos por el derramamiento
del Espíritu. Nos dice que debemos orar, orar y orar. ¿Lo estamos haciendo?¿Oramos
privadamente varias veces al día por un reavivamiento en nuestra vida personal
y en la iglesia?¿Nos reunimos en grupos y oramos como lo hicieron los discípulos?¿Escuchamos
oraciones por el derramamiento de la lluvia tardía durante las oraciones pastorales
en el culto de adoración?¿Deseamos seriamente hacer lo que Dios nos dice?¿Deseamos
seriamente recibir la lluvia tardía? La mensajera de Dios para la iglesia
remanente tomaba en serio el reavivamiento. Probablemente conozcamos bien la siguiente
declaración en Mensajes selectos, p. 141: “La mayor y más urgente de todas
nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en
nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos
fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté
dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino por que no estamos preparados
para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los
padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo, mediante la
confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente, nos
corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido
Dios concedernos su bendición. Sólo en respuesta a la oración debe esperarse un
reavivamiento”. ¿Qué podemos hacer para alentarnos unos a otros a seguir esta
instrucción del Señor? Podemos empezar poniendo el ejemplo cada uno de
nosotros. Entremos seriamente a la experiencia de orar por el don prometido por
Dios, de la manera como lo hicieron los discípulos. Creamos lo que Dios ha
dicho, ¡y oremos!
Este
artículo fue tomado de Reavivamiento y Reforma. (Julio de 2011). Ted Wilson.

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