miércoles, 20 de enero de 2016

Oración, la base del reavivamiento


 
La oración es vital para el reavivamiento, el crecimiento espiritual continuo y el poder en la testificación. De acuerdo con la Biblia, después de la ascensión de Cristo, los discípulos regresaron a Jerusalén y esperaron el cumplimiento del prometido don del Espíritu Santo. Lucas nos asegura que este período de espera fue una seria preparación. Dice que “éstos perseveraban unánimes en oración y ruego” (Hechos 1:14). Se dan en este versículo dos pasos preparatorios para recibir el don del Espíritu Santo. Primero, estaban unánimes; segundo, oraban mucho. Vamos a repasar las instrucciones dadas por inspiración, acerca de la relación  entre la oración, el don del Espíritu Santo y el reavivamiento. Lucas menciona que los discípulos continuaban en oración y súplica. La palabra “continuaban” sugiere que no solamente iban a la reunión de oración el miércoles de noche. En un período de diez días entre la ascensión de Cristo y el Pentecostés, el reunirse una noche para orar no le hace justicia a la imagen presentada en este versículo. Tal vez nos imaginamos con ello a los discípulos reuniéndose cada día para buscar en oración el cumplimiento de la promesa del Padre. Sin duda alguna también pasaron tiempo orando en forma privada por este Don. Sus oraciones ascendían continuamente al trono día tras día. La experiencia preparatoria de los discípulos es una importante lección para nosotros. No somos lo suficientemente serios en presentar nuestras oraciones ante Dios por el cumplimiento de su promesa de darnos el reavivamiento final que estará acompañado de la lluvia tardía. Creámoslo o no, Dios se desilusiona con nosotros porque no le rogamos lo suficiente en cuanto al reavivamiento y el don de su Espíritu. Dice Elena G. White: “No estamos suficientemente dispuestos a importunar al Señor con nuestras peticiones y pedirle el don del Espíritu Santo. El Señor quiere que lo importunemos con este asunto. Quiere que insistamos con nuestras peticiones ante el trono” (Eventos de los últimos días, p. 161). Repetidamente la sierva del Señor nos dice que oremos por el derramamiento del Espíritu. Nos dice que debemos orar, orar y orar. ¿Lo estamos haciendo?¿Oramos privadamente varias veces al día por un reavivamiento en nuestra vida personal y en la iglesia?¿Nos reunimos en grupos y oramos como lo hicieron los discípulos?¿Escuchamos oraciones por el derramamiento de la lluvia tardía durante las oraciones pastorales en el culto de adoración?¿Deseamos seriamente hacer lo que Dios nos dice?¿Deseamos seriamente recibir la lluvia tardía? La mensajera de Dios para la iglesia remanente tomaba en serio el reavivamiento. Probablemente conozcamos bien la siguiente declaración en Mensajes selectos, p. 141: “La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino por que no estamos preparados para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su  Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo, mediante la confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente, nos corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido Dios concedernos su bendición. Sólo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento”. ¿Qué podemos hacer para alentarnos unos a otros a seguir esta instrucción del Señor? Podemos empezar poniendo el ejemplo cada uno de nosotros. Entremos seriamente a la experiencia de orar por el don prometido por Dios, de la manera como lo hicieron los discípulos. Creamos lo que Dios ha dicho, ¡y oremos!

Este artículo fue tomado de Reavivamiento y Reforma. (Julio de 2011). Ted Wilson.


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