viernes, 1 de enero de 2016

La llama siempre encendida



 Cierta ocasión una fogata se encontraba siendo atizada por dos personas, todos mirábamos el fuego, era agradable escuchar el chasquido de las pequeñas ramas al quemarse, recuerdo que nuestros rostros podían sentirse calientes debido a la cercanía que teníamos con el fuego; solo teníamos una linterna pequeña que no alumbraba a gran distancia y, a pesar de que la llama se estaba extinguiendo, ninguna persona deseaba  adentrarse en el bosque para buscar leña seca que avivara nuestro fuego. Uno de los jóvenes que avivaban los pequeños trozos de madera se puso en pie y mencionó: -oigan, si no vamos por leña no tendremos con qué calentarnos esta noche y aún debemos preparar la cena-. Los pretextos que escuché mencionaban que el bosque era demasiado oscuro, alguna otra persona comentó que había una cantidad exagerada de lodo y no quería ensuciar su calzado, pero el que más puedo recordar es que simple y sencillamente sus cuerpos estaban demasiado cansados como para levantarse de su lugar y hacer algo. Después de eso todos permanecimos en silencio, era tanta nuestra necedad pues pensábamos que esa pequeña fogata podía durar más tiempo. Minutos después, dos jóvenes se levantaron, tomaron el machete y la lamparita y los demás, que fungíamos de espectadores, seguimos sus pasos adentrándose en los árboles del bosque hasta que la oscuridad no nos permitió mirarlos más. Al regresar, sobre sus hombros traían un tronco muy grande, suficiente para servir de combustible la noche entera. Gracias a ellos no pasamos frío ni hambre, pero, ¿qué hubiese ocurrido si ninguno se hubiese puesto en pie para hacernos ver la necesidad que teníamos? ¿Por qué, sabiendo la falta de leña en la que estábamos y escuchando todas las razones, no nos forzábamos a ir todos juntos?

Esto me sirve de analogía con la iglesia. Siempre hay hermanos, jóvenes y niños trabajando arduamente para el Señor, ¡Si!, de esos hermanos que te animan ¿conoces alguno?. En ocasiones ellos se detienen para conversar y hacernos reflexionar en lo que podíamos hacer juntos para predicar del mensaje de Dios, somos unidad, Dios así lo ha dicho. Pero lamentablemente, son pocos los que se levantan del letargo y toman las armas para ir y tomar lo que Dios nos ha dado. Espero que no seas parte del espectador, ese que solo mira como las cosas van y vienen pero nunca se levantan para ayudar. Te animo a que seas activo en las actividades de la iglesia y prediques con tu vida y palabra. 

Comparto contigo la siguiente cita: 
“En visiones de la noche pasó delante de mí un gran movimiento de reforma en el seno del pueblo de Dios. Muchos alababan a Dios. […] Se advertía un espíritu de adoración como lo hubo antes del gran día del Pentecostés. Veíase a centenares y miles de personas visitando las familias y explicándoles la Palabra de Dios. Los corazones eran convencidos por el poder del Espíritu Santo, y se manifestaba un espíritu de sincera conversión.[…]El mundo parecía iluminado por la influencia divina. Los verdaderos y sinceros hijos de Dios recibían grandes bendiciones. Oí las alabanzas y las acciones de gracia: parecía una reforma análoga a la reforma de 1844. (Joyas de los testimonios tomo 3, página 345)

Yo quiero estar en ese movimiento que la Hna. White vió, yo quiero ser parte de esa visión. Joven, que la llama de predicar la Segunda Venida de Cristo siempre se mantenga encendida en ti. Amén.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario