Éxodo 20:7
Algunos asociamos inmediatamente este versículo a algo muy sencillo de cumplir: "No usar la palabra Dios en frases o conversaciones sin importancia, chistes, y por supuesto no jurar por Dios." Por lo tanto creemos que este mandamiento es muy "sencillo" de guardar.
Pero como todos los mandamientos de Dios, este mandamiento va mucho más allá, es más profundo de lo que pensamos.
Busqué la definición de la palabra vano: "Vacío o sin contenido, que no contiene semilla, está seco o podrido."
Cuando nos preguntan acerca de nuestra ideología espiritual o religiosa, muchos de nosotros respondemos inmediatamente y algunas veces con alarde de santidad que somos cristianos, ser cristiano es ser seguidor de Jesús, y cuando eres seguidor de alguien te conviertes en un conocedor de esa persona, por lo tanto ser cristiano es ser conocedor de Jesús, y si conocemos a Jesús, entonces, hemos visto a Dios revelado a la humanidad. Nadie puede seguir siendo el mismo después de ver a Dios, y aunque es cierto que el cambio no es de golpe sino gradual, todo lo que somos, debe indicar que Dios está obrando en nosotros, que su palabra en nosotros no ha sido vana, sino que la semilla que el Espíritu Santo ha sembrado, se está desarrollando hasta que lleguemos a ser como Jesús.
Si nosotros decimos ser cristianos pero nuestras obras no acompañan a nuestras palabras de manera contínua, o si nuestras palabras no acompañan a nuestras obras, estamos tomando el nombre de Dios en vano, somos cristianos vanos, sin semilla, secos o podridos.
"No deberíamos aspirar a ser llamados cristianos, si no aspiramos a vivir como Cristo."
Y de pronto, ya no es tan sencillo esto del tercer mandamiento, porque somos imperfectos y cometemos errores a cada rato...
Pero, ¿qué debemos hacer para no tomar el nombre de Dios en vano?
Como todo lo divino, nunca se trata de lo que nosotros podemos hacer, sino de lo que Dios puede hacer por ti, pidamos a Dios que por medio del Espíritu Santo nos transforme de gracia en gracia y de gloria en gloria a la luz admirable que tenemos en Cristo, enmendemos nuestros errores y proclamemos que Cristo vive en nosotros, solo así todo lo que digamos y hagamos tendrá consecuencias eternas para bien, porque ya no soy yo, es Jesús viviendo en nosotros. Aspiremos día a día a la perfección con la que vivió Jesús en la Tierra, no seamos cristianos vanos.