Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en
tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he
esperado todo el día.
Salmo 25.4–5
Querido amigo, cuándo nos damos
la oportunidad de leer este versículo se puede despertar el interés por conocer
de qué manera como personas en esta Tierra podríamos enfocar nuestra oración y
recordar que existe una promesa especial para aquellos que aguardan con paciencia
la promesa de que Dios es nuestra salvación.
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Que afortunados podríamos sentirnos si Dios
nos mostrara de principio a fin el camino por el cuál debemos de andar todos
los días, pero una lección que nos ayuda a entender el salmista David en este
versículo es que cada día, y por muy sencillo que parezca debemos orar a Dios
para que se nos muestre este camino y la senda por el cual debemos de andar
para reconocer y dar gloria a Dios que nos creó y nos sustenta cada mañana.
Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi
salvación. En esta frase existen dos palabras claves que implican acción:
encamíname y enséñame. Si bien es cierto que cada niño que aprende a caminar es
encaminado por su padre durante un tiempo significativo, así también nosotros
reconociendo ya la dependencia de Dios cada mañana será necesario este
acompañamiento en la verdad de Dios que día a día nos dará como resultado un
aprendizaje ya que existirá una enseñanza de la gran verdad que nos concierne,
y esta es que sólo Dios es y será nuestra salvación.
En ti he esperado todo el día. Creo que en esta tierra no nos gusta
esperar o nuestra paciencia no es muy basta para poder decir “disfruto la
espera”. Pero en este par de versículos se encierra una espera con recompensa.
Ya que la espera no ha sido corta, sino ha sido de todo el día, connotación de tiempo que puede hacer referencia a
toda una vida. Sin embargo, después de esta gran espera uno llega al final del camino
deseoso de poder disfrutar de una compañía que puede durar para toda la
eternidad.
Finalmente, al día de hoy no
sabemos cuándo vendrá Jesús, pero lo que si podemos estar seguros a través de
versículo es que Él está con nosotros cada día de esta Tierra para mostrarnos
sus caminos, enseñarnos que Él es nuestro Dios de salvación y que no importa
cuánto sea la espera, detrás existe una recompensa eterna.

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