Por
medio de la parábola del sembrador, Cristo ilustra las cosas del reino de los
cielos, y la obra que el gran Labrador hace por su pueblo. Aquel que dio la
parábola de la semillita es el Soberano del cielo, y las mismas leyes que
gobiernan la siembra de la semilla terrenal, rigen la siembra de la simiente de
verdad.
El
asunto de mayor importancia para vosotros es: ¿cómo trataréis mi mensaje? Dé
vuestra aceptación o rechazamiento de él, depende vuestro destino eterno.
El terreno. Junto al camino
"Oyendo
cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata
lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al
camino".
La
semilla sembrada a la vera del camino representa la palabra de Dios cuando cae
en el corazón de un oyente desatento. Semejante al camino muy trillado,
pisoteado por los pies de los hombres y las bestias, es el corazón que llega a
transformarse en un camino para el tránsito del mundo, sus placeres y pecados
En pedregales
"Y
el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la
recibe con gozo. Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la
aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende".
La semilla sembrada en lugares pedregosos
encuentra poca profundidad de tierra. La planta brota rápidamente, pero la raíz
no puede penetrar en la roca para encontrar el alimento que sostenga su
crecimiento, y pronto muere. Muchos que profesan ser religiosos son oidores
pedregosos. Así como la roca yace bajo la capa de tierra, el egoísmo del
corazón natural yace debajo del terreno de sus buenos deseos y aspiraciones. No
subyugan el amor propio. No han visto la excesiva pecaminosidad del pecado, y
su corazón no se ha humillado por el sentimiento de su culpa. Esta clase puede
ser fácilmente convencida, y parecen ser conversos inteligentes, pero tienen sólo
una religión superficial.
Entre las espinas
"Y
el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de
este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese
infructuosa".
La
semilla del Evangelio a menudo cae entre las espinas y las malas hierbas; y si
no hay una transformación moral en el corazón humano, si los viejos hábitos y
prácticas y la vida pecaminosa anterior no se dejan atrás, si los atributos de
Satanás no son extirpados del alma, la cosecha de trigo se ahoga. Las espinas
llegarán a ser la cosecha, y exterminarán el trigo.
Las
espinas del pecado crecen en cualquier terreno; no necesitan cultivo; pero la
gracia debe ser cuidadosamente cultivada.
Si
el corazón no está bajo el dominio de Dios, si el Espíritu Santo no obra
incesantemente para refinar y ennoblecer el carácter, los viejos hábitos se
revelarán en la vida. Los hombres pueden profesar creer el Evangelio; pero a
menos que sean santificados por el Evangelio, su profesión no tiene valor. Si
no ganan la victoria sobre el pecado, el pecado la obtendrá sobre ellos. Las
espinas que han sido cortadas pero no desarraigadas crecen con presteza, hasta
que el alma queda ahogada por ellas.
La preparación del terreno
Debe
cultivarse el jardín del corazón. Debe abrirse el terreno por medio de un
profundo arrepentimiento del pecado. Deben desarraigarse las satánicas plantas
venenosas. Una vez que el terreno ha estado cubierto por las espinas, sólo se
lo puede utilizar después de un trabajo diligente. Así también, sólo se pueden
vencer las malas tendencias del corazón humano por medio de esfuerzos
fervientes en el nombre de Jesús y con su poder. El Señor nos ordena por medio
de su profeta: "Haced barbecho para vosotros, y no sembréis sobre
espinas". "Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en
misericordia".* Dios desea hacer en favor nuestro esta obra, y nos pide
que cooperemos con él.
Los
sembradores de la semilla tienen una obra que hacer en cuanto a preparar los
corazones para que reciban el Evangelio. Se presenta la palabra con demasiado
sermoneo y con muy poca obra de corazón a corazón. Se necesita un trabajo
personal en favor de las almas de los perdidos. Debemos acercarnos a los
hombres individualmente; y con la simpatía de Cristo hemos de tratar de
despertar su interés en los grandes asuntos de la vida eterna. Quizá su corazón
parezca tan duro como el camino transitado, y tal vez sea aparentemente un
esfuerzo inútil presentarles al Salvador; pero aun cuando la lógica pueda no
conmover, y los argumentos puedan resultar inútiles para convencer, el amor de
Cristo, revelado en el ministerio personal, puede ablandar un corazón pétreo, de
manera que la semilla de la verdad pueda arraigarse.
Palabras de vida del gran maestro
Elena G. De White
Contemplemos la
impresionante escena. Miremos a la Majestad del cielo rodeada por los doce que
había escogido. Está por apartarlos para su trabajo. Por estos débiles agentes,
mediante su Palabra y Espíritu, se propone poner la salvación al alcance de todos.
(Los Hechos de los Apóstoles, pág. 16.)

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