viernes, 16 de octubre de 2015

La muerte de mi amigo



Años atrás, mi más allegado amigo falleció repentinamente, era muy joven cuando murió. Al oír la noticia me quedé sin palabras, las lágrimas brotaron de mis ojos rápidamente y la tristeza fue inevitable. Meses después, observando algunas fotos de nosotros, sentí el dolor de no volver a verlo ni de poder oír su estridente risa. Muchos hemos tenido la terrible experiencia de perder un ser querido  pero ¡la muerte no es el fin de todo!

La Biblia es tan clara pues en 1a de Tesalonicenses 4:13-18 menciona: “ Hermanos, no queremos que se queden sin saber lo que pasa con los muertos, para que ustedes no se entristezcan como los otros, los que no tienen esperanza. Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios va a resucitar con Jesús a los que murieron creyendo en él. Por esto les decimos a ustedes, como enseñanza del Señor, que nosotros, los que quedemos vivos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que murieron. Porque se oirá una voz de mando, la voz de un arcángel y el sonido de la trompeta de Dios, y el Señor mismo bajará del cielo. Y los que murieron creyendo en Cristo, resucitarán primero; después, los que hayamos quedado vivos seremos llevados, juntamente con ellos, en las nubes, para encontrarnos con el Señor en el aire; y así estaremos con el Señor para siempre.  Anímense, pues, unos a otros con estas palabras.” ¡Amén!

Acepto que la voluntad de Dios en mi amigo fue su muerte, el no puede participar mas de lo que hay en este mundo (Eclesiastés 9:5,6), no puede hablarme, no puedo verlo, no puede manifestarse en algo o alguien porque ahora su cuerpo está en la tierra y su “aliento de vida”, que en un momento Dios le dio, ahora no existe más. (Eclesiastés 12:7). Simplemente no puede porque el único ser inmortal es Dios.
La naturaleza humana me permite llorar y sentirme triste ante la muerte de alguien, pero como hijos e hijas de Dios y como fieles creyentes de su Santa Palabra, no podemos caer en la desesperación, Dios nos consuela, nos fortalece, pero sobretodo nos da la promesa de vida eterna. 
La muerte de mi amigo no es un “adiós para siempre” sino un “hasta pronto”, sé que tengo la confianza de verlo resucitar en la segunda venida de Cristo.  

Estas siguientes semanas estaremos compartiendo contigo una creencia fundamental de la Biblia referente a la muerte y al estado de los muertos, no dejes de leer las entradas en el blog, te invito a compartirlas en tu muro y que el amor de Cristo te motive cada día. 

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