jueves, 12 de febrero de 2015

No es hiel, ¡es miel!

Eso de que se atrapan más moscas con miel que con hiel, es un dicho muy conocido. Y es que nadie está contento haciendo algo que es pedido de mala manera. Sin embargo, podemos extrapolar los alcances históricos que tiene un dicho como este. Seguramente Luis XVI hubiese conservado la cabeza de haber pedido de mejor manera las cosas al pueblo francés, muchas guerras y rebeliones se pudieron evitar si tan sólo las cosas se hubieran pedido de buena manera.
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El enemigo de Dios sabe muy bien este principio, pero, ¿cómo hacer para convencer a todo mundo de que Dios es un tirano al estilo de los peores dictadores de la historia? Simplemente no puedes debatir las acciones de un Dios perfecto y lleno de sabiduría. Fácil, ¡miente!

Es así como las mentiras de Satanás pasan a formar parte del conocimiento colectivo a través de la historia. Desde su rebelión allá en el cielo, no ha escatimado esfuerzos para convencer al mundo de que Dios es malvado y que debemos obedecerle por la fuerza.

No es de extrañar que muchas deidades paganas tengan características dictatoriales, como Zeus o Tor e incluso una versión distorsionada de muchos de los Santos de la iglesia Católica, como queriendo relacionar un poder divino con un comportamiento de dictador. Satanás siempre tratará de convencerte de que a Dios se le debe obedecer por la fuerza, generando en las mentes débiles un sentimiento de rebelión.

Sin embargo, vamos a poner todo en contexto y a analizar ¿por qué debo obedecer a Dios?
Y es que analizando la historia de la humanidad, Dios en su infinito amor, siempre ha buscado nuestra redención, su plan nunca fue que este planeta estuviera lleno de muerte y pecado. Ya desde el Génesis podemos ver cómo Dios a través de los sacrificios enseña a los primeros seres humanos cómo es que Jesús entregaría su vida por cada uno de nosotros.

Desde el sacrificio de Abel, en cada rincón de la Biblia descubrimos muestras de ese grandioso plan de Salvación, muestras del inmenso amor de Dios para cada persona, pues no quiere que alguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

Dios tiene una serie de mandatos para ti:
  • Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia (Levítico 19: 30)
  • Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicences 5:18)
  • Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15)
  • Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15)

¿Cómo podríamos decir que no a la petición de quien ha dado la vida por cada uno de nosotros? ¿Cómo podríamos decir que no a quien te acepta tal como eres, al punto de dar la vida por ti, incluyéndote con todas tus virtudes y defectos?

Somos seres pensantes, siempre gustamos de tomar decisiones y llevar a cabo acciones informadas, por eso cuando comprendemos aunque sea un poco del gran amor de Dios, no hay marcha atrás. Hay muchas muestras del gran amor de Dios y del por qué cuando obedecemos sus mandatos, de ninguna manera es por miedo (hiel), sino porque sentimos un amor recíproco por nuestro Dios que ha dado su vida por nosotros, porque nos sentimos atraídos por la más pura miel del amor divino.

Poniendo esta situación en perspectiva, es fácil contestar muchísimas preguntas:

¿Por qué los valdenses jamás negaron a Cristo y prefirieron la persecución?
¿Por qué los primeros seguidores de Jesús prefirieron morir en los coliseos antes que negarlo?
¿Por qué ha habido misioneros que han ido a predicar a lugares muy lejanos aun poniendo su vida en riesgo?
¿Por qué guardas el sábado, siendo que, parece que eso te genera muchos inconvenientes?


La respuesta a todas estas preguntas es muy simple: “Porque hemos descubierto que Cristo nos amó primero”. (1 Juan 4:19)

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