domingo, 15 de febrero de 2015

3 verdades sobre la testificación


A veces escuchar esa palabra nos hace sentir temor o quizá un poco de vergüenza, ¿verdad? Y no me refiero a que sintamos vergüenza de Jesús, sino que de alguna forma es difícil dar el paso extra que nos lleve a hablar de nuestro Dios a completos desconocidos.
Bueno, sin ánimos de aumentar tu incomodidad, ¿te parece si hablamos en confianza sobre el asunto? Punto número

1. La Iglesia Adventista del Séptimo Día, a la que tú y yo pertenecemos ha sido especialmente llamada PARA TESTIFICAR. 

        
        Lo siento, pero esa es la verdad. Haciendo un poco de historia sabemos que la iglesia que Jesús dejó cuando se fue al cielo pasó por varias etapas, algunas buenas, otras muy malas, como la de los mártires; pero en resumen, Jesús nos dio esa misión a todos los que nos decimos ser sus seguidores, ¿recuerdas: “id y haced discípulos a todas  las naciones” (Mat. 28:19)? 
Revisé una encuesta sobre las religiones del mundo del 2010, y el cristianismo es la religión con más adeptos seguida del Islam, ¿podríamos pensar entonces que los cristianos del mundo hemos cumplido la tarea que Jesús nos dejó? Pues de alguna forma sí, pero no al mismo tiempo. Porque lamentablemente no todos los cristianos del mundo comprenden en plenitud el plan de salvación como los adventistas. ¿A qué me refiero? Bueno, hay personas que aun siguen cumpliendo leyes que impone su iglesia para ser salvos y los que saben de la salvación por gracia no se preocupan por cambiar sus vidas por medio del poder del Espíritu Santo porque consideran que cualquier cosa que haga Jesús se los perdonará. 
        Los adventistas sabemos que somos salvos por gracia y que cualquier ley que guardemos no nos salva, pero que la ley de Dios es eterna y perfecta. Nuestra observancia de la ley no es para salvarnos, sino como una muestra de gratitud a Dios y por el deseo de habituarnos a las leyes del cielo que pronto habitaremos, después de ser salvos ya no vivimos bajo las leyes de este mundo, sino bajo las de nuestro Salvador. 
        A excepción del adventismo, el resto del cristianismo se quedó en la etapa en la que Cristo, el Cordero Perfecto fue sacrificado; ¿qué hay, entonces, del ministerio de Jesús en el lugar Santo y el lugar Santísimo, el día de la Expiación, en el que actualmente vivimos y todo lo implicado en ello? Nada, ellos no lo saben. Somos los únicos en el planeta tierra que hemos entendido, por gracia de Dios, este asunto. 
        Y sí, solo hable de cristianos, ¿que hay de los musulmanes, judíos, budistas y hasta ateos que ni siquiera creen en Jesús como Salvador del mundo? Creo que sabes la respuesta, ¡TENEMOS QUE TESTIFICAR!
Pero antes de que te desanimes, vamos al punto 

2. Jesús ha prometido que nos ayudaría en la tarea de TESTIFICAR.

Es cierto, hay una tarea inmensa delante de nosotros, pero grande es nuestro Dios que no nos deja pasar por esto solos. ¿Recuerdas el final del versículo de Mateo? “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. 
Esa promesa debiera ser suficiente, pero aun hay más: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1: 8) ¿Ahora ves el secreto? Necesitamos que el Espíritu Santo venga a nosotros y no solo nos transforme sino que nos ayude a amar lo suficiente a otras personas para que podamos ser testigos de Jesús. 
La historia del planeta está por tener punto final y la Biblia dice que el pueblo de Dios recibirá éste poder, la lluvia tardía, para que hablemos, prediquemos, TESTIFIQUEMOS. Pero ese poder prometido no vendrá a nosotros si no lo pedimos.

        Hace unos meses, teníamos semana de la familia en mi pequeña iglesia. Con una amiga nos armamos de valor para repartir invitaciones en cierto edificio. No miento, entregamos como 4 o 5 y sinceramente estábamos convencidas de que nadie iría. Entonces una noche oré: Señor, se que deberíamos estar haciendo más, se que solo repartir invitaciones no es suficiente, pero sabes que necesitamos motivación. Ayúdanos a ver que aun pequeños esfuerzos pueden tener resultado. Y Dios contestó, llegó una familia completa y más de 10 niños no adventistas.

3. El beneficio más grande al TESTIFICAR lo obtenemos nosotros.


    ¿Has escuchado que mejor es dar que recibir? Compartir a Jesús y lo que ha hecho en nuestras vidas siempre nos traerá mayor crecimiento espiritual a nosotros que a las personas que nos escuchen. 

“Los ángeles del cielo han esperado por mucho tiempo 
la colaboración de los agentes humanos—de los miembros de la iglesia—
en la gran obra que debe hacerse. Ellos os están esperando.” 
Servicio Cristiano 113.4

Si el cielo entero está a nuestra disposición para terminar nuestro trabajo en esta tierra, si con ello podremos pronto ver a Jesús y olvidarnos de los sufrimientos de este mundo, ¿permitiremos que el temor y la vergüenza sigan limitándonos?

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