Ayer mientras escuchaba el estudio bíblico online de una nueva amiga, hubo algo que me conmovió...
"Jesús es la gloria de Dios, cuando clamamos por ver la gloria de Dios, por ver su mano actuando, es Jesús mismo a quien puedes ver..."
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre], lleno de gracia y de verdad". Juan 1:14.
En el primer capítulo de Juan, está escrita la historia central de esta publicación, después de 400 años aproximadamente de silencio, sin un profeta, aparece alguien que vive en el desierto, que come raro, que viste diferente y que comunica un mensaje especial, Juan "el bautista". [Cualquier parecido con la realidad, no, ¡no es coincidencia!]
Algunos hasta lo confunden con el Cristo, y le preguntan: ¿eres tú el Cristo?, les responde: ¡No! Le preguntan más cosas, hasta que le dicen: ¡Bueno, ya! ¿entonces... quién eres? Juan les contesta de manera clara y precisa: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto...".
Juan sabía perfectamente cuál era su labor, y se reconocía como aquel que anuncia, que prepara la venida de aquel que venía después de él, y a quién no le podía ni desatar el calzado porque no era digno...
¡Pero Jesús mismo dijo que de entre los nacidos en este mundo, no había nadie como él! Ver Mateo 11:11
¡Vaya ejemplo de humildad! Juan sabía lo importante de su ministerio, Juan sabía a quien anunciaba, Juan era primo de Jesús... ¡primo de Jesús!
Y aunque miles lo escuchaban, miles se bautizaban, se conmovían por lo que él decía, aún así, con todo esto, conservaba la humildad, y he aquí el secreto para ser un buen líder, pastor, director de jóvenes, lo que sea que seas; para hablar palabras con poder, para que te confundan con Jesús, para ser salvo: ¡Humildad!
A veces nos mareamos con un título universitario, o con un cargo en la iglesia, mi distrito o en la Misión... y olvidamos que el verdadero poder, la verdadera gloria, no puede venir de nosotros, solo podemos conseguir esto, si pedimos de manera humilde que Dios nos muestre su gloria, que nos muestre a Jesús.
Quiero invitarte a que mañana durante el día, busques momentos para decirle a Dios: ¡Muéstrame tu gloria, muéstrame a Jesús y dime lo que Él haría!
Solo así, humillados y rendidos, podremos ser glorificados, en este caso, envueltos por Jesús, y entonces cumplir la obra que Dios nos ha dado será mucho más sencilla, porque no eres tú, ni soy yo, es Jesús mismo por medio de su Espíritu quien nos capacita...
Humildad es la clave... #Pray4Humildad porque #NosUrgeQueRegreseJesús.
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