DIOS SABE LO QUE NECESITAS.
"20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto.21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego".Éxodo 13:20-22
Ahí estaban más de 600,000 hombres sin contar niños, con todo lo que tenían o lo que les dio tiempo sacar, justo a la entrada del desierto; con la adrenalina aún corriendo por sus venas, maravillados por ver los milagros de un Dios que solo algunos recordaban que existía y quizá otros atemorizados porque el poder de este Dios pudo abrir el mar. Sin embargo todos llenos de felicidad y algarabía, porque ahora eran libres, y estaban en camino a la tierra que Jehová le había prometido a sus padres.
Para llegar a Canaán había dos caminos, uno por la tierra de los filisteos, y el otro era rodeando por el Mar Rojo, Jehová decidió llevarlos por el desierto... no es difícil al observar un mapa deducir que el segundo camino era el más largo y también uno con grandes riesgos. No obstante, Jehová decidió que era el mejor camino para ellos.
Lejos estaba el capítulo de terror cuando el ángel de la muerte pasó por todo Egipto, también ese capítulo en donde el pueblo se airó y reclamó a Moisés el haberlos llevado justo a las aguas del Mar Rojo a morir; ya todos habían cesado de danzar y de cantar al cruzar el mismo mar. Ahora simplemente se encontraban a la entrada del desierto, listos o no el viaje ya había comenzado, no había vuelta atrás, por delante tenían todos los peligros y retos que significa atravezar un desierto y atrás estaba el mar.
Justo hoy estamos en el punto donde el pueblo de Israel se encontraba hace más de 3000 años, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado, hemos visto los milagros de Dios, y por delante de nosotros se encuentra una de las más grandes misiones que se nos ha encomendado, cruzar el desierto, un lugar hostil, que te quita las fuerzas, te seca la boca, donde es difícil orientarse, sin duda el pueblo de Israel esa noche debió tener los mismos miedos que hoy tenemos: ¿Cómo lograremos semejante misión? ¿Y si tengo demasiada sed? ¿Si pierdo el rumbo?
Jehová les dio exactamente lo que necesitaban, los consintió hasta en el hecho de proporcionarles sombra en el día, calor por las noches, orientación cuando todo pareciera lo mismo.
Hoy Jehová igual que en el pasado te dice: ¡No vas solo! Tu misión es difícil, pero no me apartaré de ti, estaré contigo de día y de noche, solo necesitas voltear al cielo y recordar lo que he hecho por ti.
Jehová sabe lo que necesitas y te lo proveerá, no debes dudar de cumplir tu misión, porque Él va contigo.
Jesús nos dijo:
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".
No hay comentarios.:
Publicar un comentario